sábado, 24 de octubre de 2020

Crepas sabatinas


 

LAS VENTAJAS DEL CONCEPTO ABIERTO

 1

Primer sábado del regreso al semáforo rojo, las noticias de los contagios por COVID19 van cerrando  mi cerco de protección y el de mi familia. Algo hay de desesperación en el oxígeno que alimenta mis pulmones, ya de por si contraídos por la permanente contaminación que circunda la cotidianidad de una ciudad como ésta, seca y soleada, lacerada por el continuo rumor de los motores de automóviles humeantes.

¿Cómo iniciar la rutina sabatina  a sabiendas de que hay que enviar los pésames y que no será posible abrazar, ni tender la mano, ni acercarse? Lágrimas.

De madrugada soñé que me cambiaba de casa, sueño recurrente desde hace años, de cuando dejé de soñar que volaba. Los sueños de cambio de casa no suelen ser afortunados en mi semiótica personal. A veces las casas del sueño están en obra negra, o derruidas de tan viejas, o bombardeadas por extrañas guerras civiles o amenazadas por delincuentes; a veces son mejores y más lujosas que mi casa actual pero algo hay que las hace inhabitables para mí. La de esta madrugada era hermosa, llena de agradables rincones, solo que mis mascotas Mancha y Owí no tenían cabida. Finalmente el agradable sueño se convirtió en angustiosa pesadilla al mirar la sufrida carita de mis compañeros de vida y surgir la interrogante: ¿Qué hacer?

Ya con la luz del amanecer abro los ojos en mi habitación y me abrazo a las almohadas, me aferro a no salir de aquí, a permanecer entre estas  paredes claras y la furtiva presencia del astro que  traspasa  las cortinas traslúcidas.  

 

2

Primer sábado del regreso al semáforo rojo. Ropa en la lavadora, agua calentándose en la estufa. El sol en pleno inunda mi pequeña sala-cocina-comedor (diseño  de algún arquitecto del sistema con ideas avantgarde tercermundistas) y se topa con los cuadros, los libros, las plantas, las cerámicas, se desparrama sobre la mesa de madera que amo y todo en conjunto me vuelve a la acción. Las ventajas del concepto abierto.

La lluvia energética de “You Should Be Dancing” es  mi mantra para empezar, sigue  “Stayin alive”, bailo frente al espejo recordando aquellas tardes de Disco Dance  de la adolescencia. A ritmo de  de “YMCA” abro el refrigerador, casi fin de mes, muy pocas cosas: un huevo, medio litro de leche, medio kilo de harina, una pera, algo de mermelada de ciruelas,  si acaso una cucharada de mantequilla, dos rebanadas de jamón. ¡Listo, ya se: crepas!

Las malas épocas me enseñaron a hacer mucho con poco y no me puedo quejar  en realidad, por suerte tengo un “fin de mes”, un refrigerador, una estufa,  un reproductor de música con bocinas, hay quien no tiene nada y ninguna posibilidad en medio de la Pandemia.

La receta clásica de crepas lleva por cada 100 gramos de harina, una taza de leche, un huevo, una pizca de sal y una cucharada de mantequilla derretida, mezclo todo en licuadora mientras bailo “Disco Inferno”. La placa de hierro se encuentra a punto de calor, vierto la mezcla y veo cómo se va  formando la tortilla. Ojo –me digo- tiene  que quedar delgada, lo suficiente para poderla enrollar. Van una tras otra, al final tengo un altero de crepas en la charola. ¿Para qué tantas, me digo, solo estoy yo aquí, confinada, sin pareja, los hijos en sus propios hogares. Nadie a mi lado que disfrute las delicias de este platillo.

Con “We are familiy” a todo vuelo, dispongo la mesa. Lugar solo para uno: Mantelillo, plato extendido, cuchillo y tenedor, taza para el té, copa para el jugo. Con cuidado acomodo la fruta, el jugo, las crepas, relleno con mermelada artesanal. Para compensar tanta azúcar (no resultó ser un desayuno tan sano) vierto té negro chai en la taza y de inmediato se incrusta en mis narices el divino aroma de las especies que contiene: canela, clavo, jengibre, anis. Me congratulo nuevamente porque todavía tengo olfato, gusto, oído, vista, tacto y sentido del ritmo, como gustosa mientras  “A tast of honey” me hace mover los pies.

“I will survive” no puede faltar, me levanto de la mesa para seguir bailando; brinco, levanto el brazo y grito:  I will survive, I will survive, I will survive!!! Veo la charola de crepas y decido: Las compartiré como las abuelas que hacían kilos y kilos de galletas para todo el barrio, porque sea como sea, sobreviviré, sobreviviré.

 

 


jueves, 2 de enero de 2014

POZOLE VERDE ESTILO GUERRERO EN CHIHUAHUA


En tiempos posteriores, otra tradición pozolera se ha instaurado en la familia, que es la del pozole verde, inspirado en el que se prepara en el Estado de Guerrero. Digo inspirado porque creo no saber a ciencia cierta cómo se prepara originalmente, lo he comido durante mi estancia en aquellas tierras y me gustó tanto que quise repetirlo, pero las cocineras que entrevisté como que no soltaban la receta así que lo analicé  según lo percibieron mis sentidos y lo reinterpreté de acuerdo a  mis gustos.  Lo único que puedo asegurar es que mi familia  se ha aficionado a tal grado que es infaltable en las fiestas

POZOLE VERDE (20 raciones aprox)
Ingredientes:
3 kgs   de  pozole precocido (en bolsa)
1 pollo grande ( 1.800 kgs aprox)
1 ½ kg de pierna de cerdo
800 grs de codillo de puerco
800 grs de tomate verde (tomatillo)
150 grs de chile serrano
¾ taza  de pepita de calabaza tostada, pelada y molida.
1  cabeza de ajo
1 manojo de epazote
1 manojo de cilantro
2 hojas gdes de aguacate
5 cebollas de rabo (opcional)
1/3 taza de aceite ( puede ser de oliva)
Sal  al gusto
Recaudo:
1 cebolla grande picada
½ kg de rábanos picados
Un  casito de orégano
100 grs de chiles serranos picados
½ Lechuga cortada en tiritas
½ Kg Quesillo deshebrado
1 Pqute Tortillas tostadas
3 Aguacates rebanados o picados
½ paquete grande de chicharrón

Procedimiento:
1.- Cocer de manera separa las carnes con sal y ajos. Tomar en cuenta que se necesita hacer bastante caldo por lo que se recomienda usar ollas suficientemente grandes de modo que las carnes queden bien cubiertas con el agua y sobre suficiente caldo porque es el que le va a dar sazón al pozole, pero no se exagere en el líquido porque puede quedar desabrido si es demasiada el agua en comparación con la carne.
2.- Una vez cocidas las carnes, separe de los caldos y téngalos listos para lo que sigue.
3.- La carne de cerdo desbarátala con los dedos en trozos medianos. La carne de pollo desmenúzala  en hebras delgadas.
3.- Poner a hervir el pozole hasta que reviente y esté cocido al dente. No poner sal hasta que reviente.
4.- Cocer en agua el tomate verde con los chiles  y licua en la licuadora junto con el epazote.
5.- En una olla grande o cacerola grande ponga el aceite,  fría la pepita de calabaza molida hasta que suelte un poco de grasa y aroma. Vierta el tomate licuado con los chiles, revuelva con un cucharón.
6.- Cuando la mezcla comience a burbujear, agregue los caldos. En cuanto comiencen a hervir, bajar la flama y agregar las cebollitas y las hojas de aguacate. Probar la sal.
7.- Añadir el pozole escurrido. Agregue un poco del líquido donde se coció el pozole y reserve el resto por si se requiere más adelante.
7.- El  caldo verde debe tomar consistencia por efecto de la pepita de calabaza.
8.- Unos minutos antes de servir agregar la carne de cerdo en trozos y cilantro.
Nota.- El pollo en hebras se utilizará como parte del recaudo, de manera que cada comensal hará su composición al gusto.




DEL TRADICIONAL RITO DEL POZOLE CON MENUDO EN CHIHUAHUA


Daniel Espartaco no lo sabe, pero su nacimiento estuvo auspiciado por la pozolada del día anterior. Para ser más exacta, inventaré un término de acuerdo al regionalismo chihuahuense, diré que estuvo precedido por una  “menudada” en casa.
En todo México se acostumbra comer  pozole, que no es otra cosa que maíz del tipo conocido como cacahuazintle, cocido hasta reventar y servido en forma de sopa caldosa, mezclado con distintos ingredientes y especias  de acuerdo a  la región.
Las presentaciones del pozole varían tanto como se presenta la multiculturalidad en nuestro país. En el sureste es tradicional el pozolli, muy refrescante pues se consume frío y de preferencia helado, que es pozole con cacao. En verdad delicioso y seguramente una de las  preparaciones  culinarias más puras en el sentido  cultural.
Cualquier presentación de pozole es sumamente alimenticia, primero porque el maíz precocido con cal adquiere valores nutricios de alto contenido calórico y  proteínico, segundo porque al adicionarle  otros ingredientes como el cacao, la carne y los recaudos de vegetales crudos, potencia sus cualidades y lo convierte en un platillo completo.
En el centro de México predominan los pozoles cocinados  con carne de cerdo y pollo,  adicionados con distintas salsas de chiles y recaudos muy variados según el gusto. En Chihuahua, zona desértica del norte del país, con poca variedad de cultivos y con una vocación vaquera aún vigente, el pozole tradicional se prepara con panza (menudo)   y pata de res, de ahí el nombre con que se denomina el platillo hasta nuestros días: “Menudo”.
La evidencia indica que el “Menudo” chihuahuense  es un platillo que nació de la inventiva de los pobres, pero para que no se oiga mal diré que es surgido del máximo aprovechamiento de los recursos   ya que se utilizan en su  elaboración aquellas partes de la res que no son apetecidos por el consumidor  común de la carne: estómago y patas.
El estómago (menudo), es difícil de cocinarse, requiere de un proceso más o menos laborioso de limpieza y precocimiento en cal,  pero una vez completado el proceso, es blando y apetecible. La pata le añade un plus de sabor y riqueza nutricia, además de imprimirle esa consistencia  al platillo que lo caracteriza
Se  acostumbra comer en ocasiones especiales, sea para festejar santos y cumpleaños, bodas, quinceañeras, bautizos o las fechas de Navidad y Año nuevo. También es costumbre consumirlo los domingos en el desayuno familiar o de madrugada luego de una fiesta.
Según esta  tradición, la familia que celebra una boda o quinceaños –por ejemplo- con misa, cena y baile, por la madrugada ofrece “Menudo” en casa para los novios, padrinos e invitados especiales, por lo cual siempre habrá alguna persona que no asista al baile con el fin de hacerle guardia a las ollas donde se cuece el potaje.
En los barrios no falta quien instale menuderías improvisadas en sus casas durante los fines de semana, esto con el objeto de ofrecer a la venta menudo los sábados por la noche y la mañana del domingo. El consumo de este platillo es muy socorrido por los crudos y trasnochados, ya que tiene la bien ganada  fama de ser un excelente reconstituyente  de las fuerzas y del entendimiento.
De regreso a la anécdota,  recuerdo que mi primer hijo nació a las 38 semanas de gestación un domingo a las 4 de la tarde, luego de 12 horas de labor de parto. El día anterior me había iniciado en el antiquísimo rito de la preparación del pozole con menudo, tradición chihuahuense que toda mujer que pretenda ser ama de casa debe conocer a profundidad, así como el hacer de las tortillas de harina. Trabajé arduamente, con apoyo de mi madre, en cada uno de los pasos que  deben seguirse, desde pre cocer el maíz en cal 24 horas antes, lavar la panza, hervir  los ingredientes durante horas, picar el recaudo,  y demás, hasta poner presentable  mi pequeño departamento de tres cuartos para las visitas que llegarían a compartir la cena. Cuando por la madrugada iniciaron los dolores del parto, lo primero que pensé era que me había indigestado el  “Menudo”.
Aunque seguramente no fue la ingesta, sino el trajín y el trabajo, los que provocaron el advenimiento del parto. De ese modo, a los 20 años me convertí en madre y aprendí a cocinar el pozole con menudo al estilo Chihuahua.
Antes de pasar a la receta advierto lo siguiente:
Tradicionalmente el “Menudo” lleva únicamente maíz cacahuazintle, ajo, cebolla, sal, orégano, chile de la tierra, menudo y pata de res, pero para hacerlo más sabroso en mi familia se acostumbra agregarle codillo y patitas  u otros cortes de pedacería de puerco al cocimiento y utilizar chile del árbol para añadirle picor.
Por otra parte, para facilitar a principiantes, es bueno utilizar el pozole pre cocido, solamente escoja aquel que sea de reciente manufactura y en general tenga buen aspecto. En Chihuahua se consigue muy bueno envasado al alto vacío.
“MENUDO” : POZOLE CON MENUDO ESTILO CHIHUAHUA
Ingredientes:
2  kg de maíz cacahuazintle precocido
1 kg de menudo
2 ó 3  patas de res ( o al gusto)
1  kg  codillo de puerco
1 cabeza de ajo
2 cebollas
300 grs de chile de la tierra
100 grs chile del árbol
1 cda orégano
Sal al gusto
Para servir:
Cebollas picada menudita
1 tazóncito con orégano
Limones rebanados suficientes
Salsa de chile del árbol
Pan blanco de telera en rebanadas
Preparación:
1.- Lavar  el menudo crudo en agua con cal, enjuagar muy bien, poner a hervir en agua con la  sal, la cebolla y  el ajo.  Se puede usar olla de presión para acelerar el proceso.  También es posible hallar menudo limpio y pre cocido, el cual viene regularmente congelado, en este caso poner a descongelar previamente y luego hervir .Guardar el caldo. Ya cocido sacar el menudo y  picar en cuadritos
 2.- Aparte hervir en agua  las patas hasta que estén cocidas, agregando también sal y ajo. Guardar el  caldo.
3.-  En otra olla  con agua  hervir el pozole hasta que reviente. Muy importante es NO agregar sal en esta etapa de cocimiento del maíz ya que impide que se reviente. La sal se agrega hasta que esté bien cocido y reventado. Guarde el caldo.
4.- Cocer el codillo en otra olla, agregando sal y ajo. Guarde el caldo.
5.-   Remoje los chiles  de la tierra en agua caliente hasta rehidratar, pasar en la licuadora para hacer una salsa espesa.
6.- En ollas grandes mezclar los caldos, agregar panzas, patas, codillo, salsa de chile, poner a  hervir y agregar orégano.
7.- Aparte, prepare una salsa de chile del árbol, re hidratando los chiles y licuando con ajo y sal.
 8.- Sirva el pozole en platos hondos, cada comensal al gusto le agregará cebolla, limón, orégano y salsa de chile del árbol. Se acompaña con pan blanco, costumbre  muy chihuahuense.


viernes, 27 de diciembre de 2013

NAVIDAD Y BUÑUELOS


El tío Luis nació un 24 de diciembre. Cuenta el anecdotario familiar que mi abuela María rebasaba el octavo mes de embarazo aquel 24 de diciembre en que decidió amasar  siete kilos de harina con el fin de preparar suficientes buñuelos para la familia, cuando le vinieron los dolores del parto.  El abuelo Juan se fue a caballo a buscar a la partera, las tías Ignacia y Josefa corrían para todos lados y  los niños se mantenían a la expectativa. La masa para los buñuelos se quedó olvidada hasta que llegó Mamá Chonita, madre de Juan y suegra de María, a poner orden. Después de ver a la mamá y al nuevo crío, lo segundo que haría Chonita  sería darle continuidad al amasado y  preparación de los buñuelos, para beneplácito de los chiquillos que ya daban por perdida la posibilidad  de comer estos sencillos pero apetitosos manjares navideños, los cuales esperaban durante todo el año.
Era tradición ofrecer buñuelos para el desayuno del 25. Como bien señala el escritor Gabriel Borunda, en aquellos pueblos del Norte de México de principios del siglo XX no se acostumbraba la cena navideña, mucho menos comer pavo. Esas aves se conocían por el nombre de coconos y prácticamente reinaban en los corrales de las familias que los criaban. Sus huevos eran sumamente apreciados por sus dimensiones y muy pero muy de vez en cuando, uno  que otro de estos  animalitos  era sacrificado para comerlo en chile colorado en alguna fecha especial.
La Navidad se celebraba únicamente asistiendo a misa de gallo y participando en otras actividades de índole religiosa. Por ello era común que parientes de los ranchos llegaran a tomar parte de las ceremonias religiosas  y se quedaran a  pernoctar con las familias huéspedes.  El alto sentido del deber conducía a los anfitriones  a preparar viandas especiales como buñuelos, menudo,  tamales de rojo y de dulce u  otras exquisiteces al alcance de la gastronomía campirana, para recibir adecuadamente a la parentela y convivir en esta fecha trascendente.
Así pues, aquel 24 de diciembre nació el sexto hijo de la pareja Juan Frescas y María Trevizo. Era un niño rubio de ojos amielados que inmediatamente cautivó a sus hermanos mayores y con los años desarrolló el talento del canto y la ejecución del acordeón.

 BUÑUELOS  ( Receta de la Sra. Jovita Nuñez de Nvo. Casas Grandes)
 Ingredientes:
4 tazas de harina cernida
3 cditas de  polvo de hornear
50 grs de mantequilla
Ralladura de naranja
Agua de anís caliente
Azúcar y canela para espolvorear los buñuelos

Preparación:
1.     Preparar suficiente agua de anís ( hervir ramas de anís en agua )
2.      Cortar la mantequilla en la harina.
3.      Agregar el agua caliente y amasar hasta tener la masa en su punto.
4.       Hacer testales del tamaño de una canica grande. Dejar reposar unos minutos.
5.     Palotear  y extender la tortilla a la mitad de lo que será su etensión definitiva, dejar reposar unos minutos.
6.     Calentar el aceite
7.     Extender las tortillas hasta dejarlas bastante delgadas, picar levemente con un tenedor  y  freír en el aceite.
8.     Sacar el buñuelo, escurrir la grasa y colocar en donde se enfríe un poco. Espolvorear con la mezcla de azúcar y canela.




viernes, 20 de diciembre de 2013

EL EXQUISITO GUSTO DE LA CALABAZA

Regreso al tema de la calabaza por varios motivos. Es otoño, la calabaza es un fruto de otoño, sus colores que varían del naranja al verde seco salpicado de lunares amarillos, son característicos de esta época del año en que la naturaleza va poco a poco acercándose al gélido invierno. Con frecuencia puede uno ver en la orilla de las carreteras a los agricultores ofertando personalmente   su  cosecha de calabazas. Los grandes y apetitosos frutos se colocan apilados  bajo tejabanes  improvisados o sobre las cajas de las camionetas. Estos puestos de venta ofrecen  un bello espectáculo de colores y texturas que invitan al viajante a acercarse. Es casi imposible evitarlo ya que con tan solo ver la redondez multiplicada de las calabazas, el viajero evoca inmediatamente el exquisito dulzor de la fruta ancestral de nuestra tierra.
En el más reciente viaje por carretera me topé con uno de estos puestos y traje a casa varias piezas de  más de seis  kilos a solo  20 pesos cada una.  Digamos pues, que parte de la popularidad de  estas frutas se debe a que con una de regulares dimensiones se puede alimentar a la familia entera a muy bajo costo y queda hasta para obsequiarle a los vecinos, otra significativa tradición de convivencia comunitaria.
La calabaza, en resumen es abundante, económica y rendidora, mas sobre todo es de un gusto increíblemente exquisito, por lo que en verdad he disfrutado  en grado superlativo la tarea que me auto impuse  de ensayar diferentes recetas para la preparación  de mis calabazas. Lo he gozado desde el momento mismo de escoger las que parecían mejores  apreciando texturas, redondeces  y colores; luego admirar la extraña belleza de sus interiores  en donde placenta y semillas estructuran caprichosas formas, pero lo que sin duda quedará por siempre guardado en mi memoria sensorial será el perfume que despiden al abrirse por efecto de la intromisión de las hojas afiladas de los cuchillos. Cuando queda  al descubierto, el interior de la calabaza es un sugestivo microcosmos de posibilidades nutricias, algunas de las cuales mencioné en un texto anterior.
Es tradición en Chihuahua consumir la calabaza sobre todo como postre, cocida con dulce de piloncillo, clavo y canela.  Regularmente se cocina con todo y cáscara en trozos grandes ( a los que se han retirado las semillas y hebras del centro) y se sirve en platos hondos adicionándole leche fresca.
Otra forma común de preparar la calabaza es como “cubierto ”. En este caso, la cáscara se retira, así como las semillas y hebras, la pulpa se corta en triángulos, se reposa el agua con cal por unas 24 horas, se enjuaga abundantemente y luego se cuece en agua con bastante azúcar. Se saca del líquido y se deja secar. Con este procedimiento, la fruta puede conservarse por mucho tiempo gracias a la acción del  azúcar y es un delicioso manjar que gusta a chicos y grandes.
Además de la tradicional ensalada navideña de calabaza que reseñé anteriormente, mostraré algunas maneras de preparar espléndidos platillos con este generoso  fruto, cuyo cultivo es de una antigüedad tal que antecede al del maíz en nuestro continente.


MERMELADA DE CALABAZA*
Ingredientes:
600 grs. de calabaza cocina y machacada
300 grs. de azúcar
1 naranja (jugo)
1 limón ( jugo y ralladura de cáscara)
1 vaina de vainilla
1 palito de canela
1 pizca de sal
1 cucharada de mantequilla

Preparación:
Una noche antes:
Coloque la calabaza en un recipiente, agregue la azúcar, vainilla, canela, sal, el jugo de naranja, la ralladura y el jugo del limón. Deje reposar.
Al día siguiente:
1.- Ponga la cucharada de mantequilla en el fondo de una cazuela, caliente solo a que derrita.
2.- Agregue la mezcla y caliente a que hierva, no deje de mover con una cuchara de madera hasta que tenga la consistencia de una mermelada.
*Esta mermelada puede envasarse como conserva según el procedimiento habitual o bien puede ser utilizada para rellenar empanadas.

PAY DE CALABAZA Y QUESO (2 Pays)
Ingredientes:
500 grs de queso crema
½ taza de azúcar blanca
425 grs  de puré de calabaza
1 ¼ de cdita de canela en polvo
½ cdita de jengibre molido
½ cdita de nuez moscada en polvo
¼ cdita de sal
2 huevos
2 bases para  pays

Preparación:
1.- Precaliente el horno a 175º C
2.- Batir el queso crema con el azúcar  hasta obtener una mezcla uniforme. Incorporar el puré de calabaza y las especias. Agregar los huevos uno por uno sin dejar de batir y la pizca de sal.
3.- Verter en los moldes y hornear por 50 minutos.
4.- Decorar con crema batida.

CREMA DE CALABAZA
Ingredientes:
4 tazas de calabaza cocida y machacada
100 gr de camarón cocido
3 zanahorias en trocitos
1 cebolla picada en trozos medianos
1 diente de ajo
2 hojas de laurel
½ litro de caldo de pollo
1 lata de leche de coco
4 cdas de mantequilla
Preparación:
1.       Freír en una cacerola la cebolla, el ajo y la zanahoria con la mantequilla, mover constantemente hasta  que estén suaves.
2.       Agregar la calabaza y el laurel.
3.       Vierta el caldo y la leche de coco, dejar hervir hasta que todo esté cocido.
4.       Retirar el laurel, salpimentar y moler.
5.       Pasar por un colador y servir con los camarones.

NOTA:  Puede moler los ingredientes ya cocinados en una licuadora, colar y regresar a la cacerola o bien puede usar procesador tipo molinillo dentro de la cacerola y luego colar antes de servir.


PASTA CON CALABAZA

Ingredientes:

400 grs de pasta  de tornillos o moños
1 taza de chícharos cocidos
2 ½ tazas de cubos pequeños de calabaza
2 cdas de aceite de oliva
1 taza de queso manchego rallado
½ taza de queso parmesano rallado
1 taza de crema
1 cda de hierbas finas

Preparación:

1.       En un tazón mezclar la calabaza con el aceite de oliva, salpimentar. Colocar los cubitos de calabaza en una charola y meter al horno  por nos 20 mins, el cual  fue precalentado a 170º C. Dar vueltas a los cubos para que se doren por todos lados pero cuidado de no tostar.
2.       En una olla derretir los quesos con la crema. Agregar las hierbas finas. Mantener tibio.
3.       Cocinar la pasta de la manera habitual, escurrir, colocar en un refractario.
4.       Ya en el refractario, agregar los chícharos, los cubos de calabaza y la salsa de queso. Servir.

 PASTEL DE CALABAZA
Ingredientes:
¾ taza de harina
2 cditas canela molida
1 cdita polvo de hornear
1 cdita de jengibre en polvo
½ cdita de nuez moscada
½ cdita de sal
150 grs mantequilla
3  huevos
1 taza de azúcar
¾ taza de puré de calabaza
1 cda de jugo de limón
1 taza de nueces picadas

Preparación:
1.- Mezclar la harina, sal, polvo para hornear, jengibre, canela y nuez moscada. Cernir y vaciar en un tazón.
2.- Aparte, batir la mantequilla hasta acremar, añadir el azúcar y la yema de los huevos uno por uno sin dejar de batir. Agregar el puré de calabaza y batir.
3.- Añadir la mezcla de la harina.
4.- Aparte batir las claras de los huevos hasta que aumenten su volumen. Añada a la masa batida y mezclar lentamente hasta incorporarlo en la masa.
5.- Agregue las nueces y mezcle.

6.- Verter en un molde engrasado y hornear  a 180º C por 40 minutos.

martes, 3 de diciembre de 2013

ESPAGUETTI CON ESPINACAS

ESPAGUETTI CON ESPINACAS
Ingredientes:
1 paquete chico de espaguetti
1 manojo de espinacas frescas
200 grs.  de tocino cortado en trocitos
¼  de lto de crema de leche
1 taza de leche
150 grs de queso rallado  (menonita)
2 dientes de ajo
Aceite comestible
Mantequilla
Sal y pimienta
2 hojas de laurel
Albahaca seca molida



Preparación:
1.-  Lave las espinacas y retire hojas de los tallos. Coloque las hojas en una cacerola, cubra con agua y ponga al fuego, agregue un poco de sal para sazonar.
2.-  Ya escaldadas, saque las hojas y pique en trozos grandes.
3.-  Cocine el espaquetti en agua hirviendo de la manera acostumbrada, con los ajos, sal, un chorrito de aceite  y las hojas de laurel.
4.- En un  sartén honda fría el tocino en la mantequilla hasta que esté cocido y jugoso.
5.- Agregue las espinacas a lo anterior y salpimente (se le puede agregar  una cucharada de caldo de pollo en polvo), la crema y la leche poco a poco sin dejar de mover. Es importante mantener un fuego medio en esta parte del proceso y mover constantemente para evitar que se corten los lácteos, dejar espesar un poco.

6.- Colocar el espaguetti ya escurrido en un platón,  vierta encima la salsa de espinacas, añada el queso rallado y espolvoreé la albahaca, meta en el horno para que gratine el queso.

GALLETAS DE JENGIBRE



Hubiera querido que los recuerdos mostrados en Historias de Cocina tuvieran un orden cronológico,  como  episodios  en una línea de tiempo, pero la verdad es que los recuerdos no tienen orden y  a veces tampoco secuencia, se suscitan por cualquier cosa, desde una canción en la radio hasta por un aroma  pueden traerlos. Ya lo dijo Silvio “qué maneras más curiosas de recordar tiene uno…”
Pocas veces lloro, menos en público, ni aún en los peores episodios de mi vida he llorado  así de tajo frente a los demás. Por algo dicen que soy fría y dura, no sé, hay quienes así lo dicen, pero  ayer amanecí con ganas de llorar, llorar por todo, por las  partidas ocurridas hace no sé cuánto tiempo, por las ofensas recibidas, por la ausencia del ser amado… por todo y nada,  y a las primeras dos lágrimas que me sequé con el dorso de la mano, antes que soltar el llanto  decidí hornear unas galletas como preámbulo a las celebraciones navideñas.
Mientras buscaba la esencia de vainilla en los anaqueles del supermercado caí en la cuenta de que estaba repitiendo la peculiar conducta de mi abuela. Nunca la vi llorar en 38 años, pasara lo que  pasara, ni por todas las calamidades de la familia (en cualquier familia  suceden calamidades, ninguna se salva); con los 5 hijos varones pasándose al otro lado de braceros o de mojados; con las preocupaciones que daban los malos yernos;  la muerte de su padre, la de su madre; ni por las barrumbadas de unos y otros, no, ella permanecía no digo que incólume porque no era esa su actitud, sino más bien tremendamente ocupada en sus quehaceres, que no eran pocos y que antes he descrito.
Ocupaciones que diariamente empezaban con el lavado del nixtamal, la preparación de las tortillas para el desayuno, dar el desayuno, atender a las aves de corral, regar jardines y huerta,  extraer agua del pozo, lavar ropa y trastes, planchar, preparar comida, cena, más tortillas y lo que se agregara, como remendar los pantalones de mezclilla, freír sopaipillas, hornear pan de levadura o preparar con tiempo el tesguino para los festejos de santos y cumpleaños
Había una de esas actividades que me parecía extraordinariamente difícil: lavar los colchones. Si cada tanto se lavaban los colchones que eran de borrega de lana, lo cual implicaba descocerlos, extraer la borrega, sacudirla mucho hasta quitarle todo polvo y ponerla al sol para desinfectarla antes de volver a introducirla en las fundas limpias y una vez hecho esto cerrar con costura a mano y “acolchar”.
Siendo yo una de las dos nietas mayores, pasaba mucho tiempo pegada a su falda observando  cada uno de sus movimientos; siempre me pareció que se movía en una especie de danza cuidadosamente planeada, cada paso que daba tenía un sentido y al final ofrecía como resultado algún beneficio para el colectivo familiar.  En cierta ocasión la vi descocer unas prendas de lana a cuadros y con ellas confeccionarme un traje de falda y saco en combinación con  pana que me encantaba y me hacía feliz.
Así que, simplemente, doña María Trevizo no tenía tiempo ni lugar para las penas.
Inicié mi vida de casada siendo prácticamente una adolescente y por consecuencia, de cocina no sabía más que guisar huevos y frijoles, además de cocinar el clásico arroz con tomate, cebolla y ajo que no siempre me salía bien. Por desgracia,  el marido  que escogí  logró convertir  el sagrado momento de los alimentos en un auténtico y enfermizo suplicio para mi persona, ya que me regresaba los platos con un manotazo y un mohín acompañados de la típica frase “Así no lo hace mi mamá”  o “eso no me gusta” y no le gustaba nada pero nada que no fueran frijoles, chuletas asadas y  tortillas de harina. Bueno pero… esto quedará para otro texto porque debo contarles completa  la anécdota de los frijoles en olla de barro.
Desde luego debí aprender a cocinar y lo hice bien, valiéndome de libros y revistas. Aun conservo en una carpeta muchas hojas  de revistas con recetas  de todos los tiempos.
Mi primer hijo tendría como un año de edad cuando, cansada de la  falta  de consideraciones del marido,  decidí tomarme unas vacaciones en casa de los abuelos, para alejarme y reflexionar. Ese verano volví con los abuelos en otra posición, ya no como la niña curiosa sino como una joven madre, entonces pude asumir algunas de las responsabilidades propias de las mujeres adultas. La relación con la abuela fue totalmente distinta, siendo amas de casa podíamos compartir entre nosotras desde los más sencillos hasta los más complicados secretos culinarios. Un mediodía caluroso, mientras el bebé  chapoteba sentado en una tina con agua al alcance de nuestra vista, le mostré cómo lograr que la pasta quedara al “dente” y nos preparamos una gran cacerola de delicioso espagueti. A partir de entonces y cada vez que se pudo en los años venideros preparé el espaguetti  para las ocasiones especiales de la familia.
Mayores y enfermos, tiempo después los abuelos vinieron a radicar a la ciudad. Primero murió el abuelo, única ocasión en  que vi llorar a la abuela  y lo hizo de manera muy discreta, un pequeño grito ahogado de dolor y un par de sollozos sofocados, luego algunas lágrimas cayeron de sus ojos, lentas y nítidas, hasta desaparecer absorbidas por el rebozo.   En ese momento dijo  que qué iba a ser de ella sin su Juan, pero las hijas y nietas de inmediato le hicimos sentir que aún tenía mucho qué hacer por su familia.
Pasaron los años, la vida siguió, en mi existencia hubo de todo, amor, dolor, uniones, separaciones, desencantos y nuevas ilusiones, único modo de continuar en pie. Estaba yo en la ciudad de México, trabajando, cuando recibí una llamada de mi madre para notificarme que la abuela  había sido ingresada al hospital pues se encontraba bastante mal y  que preguntaba recurrentemente por la fecha de mi regreso porque  tenía ganas de comer el espaguetti. Sentía una gran ilusión de salir del hospital (se negaba rotundamente a aceptar las comidas que le llevaban) para comer el espaguetti de Flor  María. Del aeropuerto me dirigí al hospital, entré a su habitación y le tomé la mano, así estuvimos mucho tiempo. “No me sueltes –decía- siento que me caigo, no me sueltes”. Esa noche falleció.
Estos recuerdos me vienen a la memoria agregando una buena dosis de nostalgia a los sentimientos que ya de por si  me  invadían, aún así encuentro la entereza para enjuagarme las lágrimas  y seguir batiendo la masa de las galletas de jengibre.

GALLETAS DE JENGIBRE
Ingredientes:
260 gr de harina
150 gr demantequilla
100 gr de azúcar mascabado
1 cdita de bicarbonato
1 cdita de canela molida
1cdita de jengibre molido seco
1 huevo
½ cdita de sal
Preparación:

1.       Precaliente el horno a 180ºC
2.       Tamizar la harina con el bicarbonato, el jengibre y la canela, coloque en un tazón apropiado.
3.       Batir el huevo y verter sobre la harina, mezclar
4.       Batir la mantequilla hasta acremar , agregar la harina y la sal
5.       Amasar hasta lograr una masa homogénea
6.       En una superficie enharinada extienda la masa con el palote hasta ½ cmto de grosor
7.       Corte la galletas y coloque sobre las charolas para hornear
8.       Hornee de 15 a 20 mins.

9.       Deje enfriar antes de decorar.

martes, 26 de noviembre de 2013

ENSALADA NAVIDEÑA DE CALABAZA DE CASTILLA

Junto con el maíz, se sembraba alternando el frijol y la calabaza, una práctica que se heredó de los ancestros indígenas.
Según lo revelan  estudios arqueológicos  se asegura que la calabaza es el cultivo con más antigüedad en América. Existe una gran variedad de calabazas, la mayoría de ellas comestibles o aprovechables. De hecho se consume como alimento no solo la pulpa, sino también la semilla y la flor.
El abuelo Juan sembraba  calabazas de castilla en la labor (milpa), pero también en el huerto y hasta en el jardín. Por los meses de septiembre y octubre estaban listas para cosecharse a la par que los otros cultivos. Era común que  mientras los hombres andaban en las labores de la cosecha se dejara una calabaza en las brazas con todo y cáscara para degustarla en el descanso del almuerzo. En ocasiones, para endulzarla le colocaban un cono de piloncillo dentro, de modo que  resultaba un delicioso y reconfortante  almuerzo de color y dulzor impresionante.
Había tal abundancia que la familia no podía consumirlas todas y eso que se preparaba de muy distintas maneras, sobre todo como dulces y postres.  La calabaza en tajos hervida con piloncillo era de todos los días, en ocasiones se hacía puré para rellenar empanadas y cuando se tenía con qué, en cubiertos  cristalizados.
Las semillas se separaban, se ponían a secar al sol y ya deshidratadas se tostaban. Entonces la abuela preparaba el pipián, actividad en la que todos participamos alguna vez dándole vueltas a la manija del molinito de acero que el abuelo había colocado sobre una base de madera en la cocina vieja.  
Para hacer el pipián se muele semilla tostada de calabaza con chile colorado seco, semillas del chile  y maíz tostado.  Los ingredientes se pasan varias veces por el molino hasta quedar de una consistencia un poco más granulada de la harina, punto que solo la abuela podía decidir. El granulado  resultante era cuidadosamente  resguardado y conservado libre de contaminaciones para ser utilizado luego con motivo de alguna  ocasión especial.
El platillo de pipián se prepara rehidratando el granulado anterior con el caldo de las carnes que se van a agregar y sazonándolo al gusto de la cocinera o cocinero. Se puede utilziar   pollo, pavo o carne de cerdo y es delicioso para salsear tortitas de camarón.
El mismo molino servía para moler los chacales, el pinole y hasta comida para los pollos. En ocasiones, según recuerda mi madre, se molía trigo hasta obtener una harina muy entera y con ella preparar tortillas que no les gustaban a los niños por lo grueso del salvado.
La calabaza de castilla servía para un platillo estrella, la ensalada de calabaza que se acostumbraba preparar en Navidad.

ENSALADA NAVIDEÑA DE CALABAZA DE CASTILLA
Ingredientes:
3 tazas de calabaza de castilla cortada en cubos
3 cditas de cal
2 tazas de manzanas peladas y costadas en cubos
2 naranjas rebanadas en medias lunas sin semillas
2 conos grandes de piloncillo
1 ½ taza de cacahuate tostado
1 taza de nuez picada en trocitos
¾ taza de pasitas de uva
Corteza de canela la necesaria
1 cdita de clavo de olor
Preparación:

1.       1.-Primer día: La calabaza en cubos se pone a remojar en agua de cal durante 24 horas.  La cal se disuelve previamente en el agua que se va a utilizar y se vierte sobre la calabaza.
2.     2.-  Al día siguiente:   Se enjuaga abundantemente la calabaza para retirar toda la cal.
3.     3.-  Se vierte en una olla, se le agrega agua limpia y se pone a hervir (agregue una pizquita de sal para sazonar), añada el piloncillo, la canela y el clavo.
4.     4.-  Cuando el piloncillo se haya disuelto y la calabaza esté a medio cocimiento añada una de las naranjas rebanadas. Mantenga en el fuego hasta que la calabaza esté cocida al dente. Dejé enfriar.
5.       5.-Una vez fría agregar la manzana en cubos, el cacahuate , la nuez y las pasas.
6.      6.- Sirva fría, adorne con una media luna de naranja fresca y un palito de canela.
NOTA: Retirar la cáscara de la calabaza puede ser un tanto dificultoso, se recomienda usar herramienta con buen filo. Por mi parte le aconsejo que solicite a su "marchante" de la frutería que se la venda ya sin cáscara.

TU AMOR NO ERA FUEGO NO ERA LUMBRE




El pueblo donde vivían los abuelos   a mediados del siglo pasado, como la mayoría de los pueblos del norte de México , se debatía entre la tradición y la modernidad.  En lucha continúa entre la economía de autoconsumo que habían heredado de sus ancestros y el reciente pero fortísimo embate del desarrollismo económico capitalista que provocó, entre otras cosas,  el abandono del campo, el desmesurado y desordenado crecimiento de las ciudades, exacerbó la producción de bienes de consumo y el consiguiente consumismo,  todo ello en detrimento del equilibrio ambiental  y ocasionando una paulatina pérdida de factores culturales e identitarios en las zonas rurales , mientras que en las urbes  los cinturones de miseria se agigantaban alimentados con emigrantes venidos del campo.
Como ejemplo pongo a mi familia. Los abuelos Juan y María tuvieron 10 hijos, 5 mujeres, 5 varones; los 5 hombres partieron a los EU como braceros y allá se radicaron 4 de manera definitiva; de las 5 mujeres, 4 estudiaron la normal  y se incorporaron al magisterio, desde luego las 5 emigraron a la ciudad. Paulatinamente la casona, los huertos, los corrales y las parcelas se fueron  abandonando, a cargo solo de los dos viejos.
Este proceso fue tan devastador que quedó impreso en la memoria  colectiva de múltiples maneras, reflejándose en las expresiones de la cultura popular, como en  “Las ciudades” de José Alfredo Jiménez : “…Te quise amar y tu amor no era fuego no era lumbre.  Las distancias apartan las ciudades, las ciudades acaban las costumbres”. La cual escuchábamos por aquellos años  en el radio de transistores de mi abuelo.
 No quiero decir que  todo tiempo pasado fue mejor, ni que la visión de progreso basado en el desarrollo estuviera del todo mal, pero los hechos actuales nos han mostrado que  en alguna parte de ese camino se perdieron  elementos fundamentales para la convivencia.
Estoy segura que con el tiempo, no solo los chihuahuenses sino  la humanidad entera deberá reaprender aquellos saberes  extraviados  para poder sobrevivir. Por lo pronto la nostalgia nos puede servir de alivio.

Ahora bien,   retomando  la idea inicial, en esos años todavía persistía en el campo  la   tendencia  de aprovechar al máximo  los recursos de primera mano que ofrecían las actividades primarias como la agricultura, la ganadería, la cría de animales de corral, el cultivo de huertas, y aún de la recolección de frutos y quelites silvestres. Era común, pues, que los platillos y viandas de las familias dependieran de estas actividades.

viernes, 15 de noviembre de 2013

CHILACAS CON SUERO DE LECHE

CHILACAS CON SUERO DE LECHE
Ingredientes:
5 chiles chilaca
1 cebolla mediana rebanada en medias lunas
Suero de leche, el  suficiente
Crema de leche (opcional)
Aceite o mantequilla
Sal
Preparación:
1.- Tueste los chiles en comal, deje sudar envueltos en un paño o una bolsa de plástico.
2.- Quite la cáscara, el rabillo y limpie de semillas y venas.
3.- Corte el chile en rajas
4.- Sofría la cebolla y cuando esté trasparente agregue  el chile, mueva unos minutos.
5.- Agregue el suero y la sal, deje que se reduzca.
6.- Al final agregue la crema y cocine unos cuantos minutos.
Nota: Para hacer más picosa la salsa puede añadir chiles jalapeños que se preparan a la vez que  los chilacas.


COMO PREPARAR ASADEROS, REQUESÓN Y CUAJADA


ASADEROS
Ingredientes:
5 ltos de leche completa agria
5 ltos de leche completa  dulce
4 bolitas de trompillo* o 2 pastillas de cuajada
Sal al gusto
Preparación:
1.-  Se dejan agriar 5 litros de leche completa durante dos días
2.- Cuando que se van a preparar los asaderos se mezcla la leche agria con igual cantidad de leche del día (leche dulce).  Mezcle bien con un cucharón de madera grande.
3.- Agregar el trompillo y dejar que corte la leche.
4.- La leche se va a cortar, asentándose en el fondo una masa aglutinada. Saque esta masa escurriendo bastante el líquido. Guarde  el líquido.
5.- Ponga la masa a calentar  en fuego medio para reducir  y añada sal al gusto,
6.- Vigilar la masa y mover con el cucharón, cuando comience a hacer hebras estará lista.
7.- Saque las hebras auxiliándose del cucharón, forme testales del tamaño del puño, ponga encima de un paño húmedo o un plástico, extienda con los dedos para darle forma de tortilla delgada. Ponga a orear sobre un lienzo o charola.

REQUESÓN
Con el líquido que dejó reposando se puede elaborar el requesón, simplemente póngalo en el fuego con sal al gusto, dejar hervir hasta que se le forme un granulado. Retire del fuego, pase el líquido por un tamiz de manta limpia, encima va a quedar el  requesón;  introduzca en un costalito de manta y dejar escurriendo durante varias horas hasta que los gránulos de requesón estén firmes.
CUAJADA
Este es prácticamente un queso fresco. Se prepara con leche del día a la cual se le agrega el trompillo o pastillas de cuajada en cantidades semejantes a la receta de asaderos. La leche se corta y se pone al fuego, después de un rato se separa una masa o cuajo del líquido o suero. Se saca el cuajo y se trabaja con las manos para escurrir lo más posible usando un tamiz de manta.  Se  puede poner en moldecitos o formar testales alargados con las manos. Se deja orear.
SUERO DE LECHE
El líquido que sobra de los anteriores procesos se puede utilizar en platillos diversos, como el de rajas  de chilaca o aderezar los frijoles graneados o machacados.



EN CA’HE JUAN FRESCAS


Por aquellos años, en el pueblo de mis abuelos todavía se hablaba a  la manera antigua propia de la región noroeste del campo chihuahuense, aspirando las “s”, “f y “J” y antes o después de algunas vocales, de manera que un diálogo habitual se escucharía más o menos así:  
-Hihese usteh don Juan que la vaquilla coloraha anda perdiha-
-¿Y pa´honde habrá agarrado, oiga?-
-Nooo, pos yo que he. Ya  nos huimos a buscarla por  hel río y nada.
-Ah qué animal tan tarugo, ha ver  hi no he lo llevaron ya loh cuatreroh  hehos que andan ahí por hel  ohito.
Algunos de mis tíos todavía hablan así.
Siendo un lugar tan pequeño, todos se conocían, se visitaban y tenían que ver entre sí, sea por familiaridad, compadrazgos, negocios o simplemente por vecindad. La solidaridad era un valor fundamental  para la cohesión  social. Desde luego los varones se apoyaban en las faenas de trabajo y las mujeres estaban siempre  pendientes de las necesidades de los enfermos y los ancianos, a los que era común que se les enviara un caldito de gallina de vez  en cuando. 
Si alguna familia sacrificaba marrano, se guisaban los cueros y a todo el vecindario le alcanzaban chicharrones por lo menos. Igual cuando las mujeres se reunían a hornear pan de levadura o bizcochos, entonces te decían a ti chiquillo: Anda, ve a ca’he Balbina, o  Chú, o Delfino, o de quien se tratara, llévale estos poquitos de panes.
Otro modismo de la región  era justamente ese, la forma de señalar el sitio donde vivía la persona con el “Ca’he”.  Pues bien, en ca´he Juan Frescas, su mujer María Trevizo preparaba, si no diario por lo menos un día sí y otro no, el queso asadero  y  derivados. Productos que  tenían – y tienen-  importantísimo lugar en la dieta  cotidiana de cualquier persona de por el rumbo.
La abuela María , con la sabiduría y habilidad que le daba la experiencia de  realizar esta actividad durante toda una vida, elaboraba  los mejores asaderos  que he comido hasta la fecha, lo mismo que requesón y cuajada. Yo niña me paraba todo el tiempo  a su lado  mientras  ella efectuaba  aquellos movimientos mágicos de donde emergía  la ricura en hebras blanquecinas que me ofrecía directo a la boca,  en un juego inaudito pero gozosamente delicioso de complicidad culinaria.

martes, 12 de noviembre de 2013

FRIJOL MANTEQUILLA



El abuelo Juan tenía muy claro que su deber, es decir su misión en esta vida, estaba en el campo. Sembraba maíz cada año en sus terrenos temporaleros y cada año se la pasaba con la vida  pendiendo del hilo de los devenires meterológicos, que si llueve en abril, en mayo o que si se avecina la sequía. Privaba el refrán ese de “Lluvias de abril mazorcas de a mil, lluvias de mayo ni p’al  ganado”. 
También sembraba frijol y  calabaza entre el maizal como es la costumbre, por lo que la familia contaba regularmente con bastante dotación de frijol  nuevo cada año, que  es el mejor y de calabazas de temporada suficientes para elaborar empanadas y cubiertos,  además del tradicional dulce de calabaza de casco con piloncillo.
Los frijoles son los que me interesan ahora. Don Juan sembraba del tipo Mantequilla, era de su gusto, según sus creencias  porque esta variedad es  menos indigesta.  Los recuerdo sabrosísimos básicamente porque eran recién cosechados.  Estaban siempre en la mesa, en las tres comidas, haciendo con la tortilla recién hechecita  un maridaje  insuperable. 
No he vuelto a probar iguales a los que preparaba mi abuela María, muy caldosos para el desayuno de los nietos, aderezados en el  plato con un pico de gallo fresco, elaborado con cilantro, cebolla, chile y tomates recién cosechados.  ¡Claro! ¿Dónde voy a conseguir nuevamente  ingredientes más frescos que los recién cortados por el abuelo de su propia huerta?
Los abuelos criaban ganado y obtenían bastantes litros diarios de leche, suficientes para tener entregas a clientes regulares, así como preparar quesos, asaderos, requesón y cuajada prácticamente  de diario.  Todos estos productos formaban parte de la dieta habitual de la familia Frescas Trevizo.

La tía abuela Ignacia, señorita quedada de aquellos tiempos, quien había criado a mi abuelo, vivía en la misma casona y solía preparar una receta especial de frijoles aderezados con suero de leche.


FRIJOL MANTEQUILLA   REFRITO  CON SUERO DE LECHE (Receta de la casa)
Ingredientes:
2 tazas de frijoles mantequilla cocidos sin líquido
2 cdas de la grasa que prefiera: Manteca de cerdo, aceite o mantequilla
½ taza de suero de leche
1 rama de epazote
Sal al gusto
Preparación:
1.- Calentar la grasa, agregar los frijoles y unos segundos después el suero de  leche.
2.- Agregar el epazote y sal, dejar hervir hasta que reduzca el líquido.

3.- Retirar las hojas y machacar hasta hacer puré.

RECETA DE TORTILLAS DE HARINA


TORTILLAS DE HARINA (Receta de Cruz Estela Peña, vecina del pueblo de Rubio Mpio. De Cuauhtémoc)
Ingredientes:
1 kg.  de harina
1 puño de manteca de cerdo o vegetal
1 cda  de polvo de hornear
Sal al gusto
Agua tibia la necesaria
1 huevo
Manera de prepararse:
1.-  Calentar el comal y mantener a fuego medio.
2.- Mezclar la manteca con el huevo
3.- Colocar la harina en una bandeja, agregar el polvo de hornear y la sal, hacer un hueco en medio con la mano.
4.- Verter la mezcla de manteca y huevo sobre la harina, amasar hasta incorporar, agregar el agua tibia poco a poco hasta obtener la consistencia deseada. No debe quedar aguada ni reseca pues se va a trabajar con un palote para extenderla.
5.- Hacer los testales  (bolas de masa de tamaño menor a un puño) y  colocar en un lienzo, dejar reposar unos minutos.
6.- Con ayuda de un palote (si no tiene palote use una botella de vino), extender el testal dándole vueltas con la mano para que quede  una tortilla circular. Extender del grueso deseado, pueden ser gruesas o delgadas, esto es al gusto.

7.- Cocer en el comal que de preferencia debe ser de fondo grueso para que el calor se distribuya mejor y permita un cocimiento adecuado de la tortilla. Colocar la tortilla cruda y esperar que la superficie se llene de globitos, voltear y esperar que se infle, en ese momento aprensar con una mantilla limpia  y doblada, presione suavemente pero firme. Algunas personas utilizan prensas de madera o de hierro. En unos segundos suelte y compruebe si ya se coció por ambos lados. Si la deja demasiado tiempo en el comal se pondrá dura y se quebrará, lo ideal es que la tortilla quede flexible.

LAS DOS ESTUFAS

Al igual que en  todos los hogares rurales, la cocina era el centro en casa de mis abuelos Juan Frescas Granillo y María Trevizo Márquez. De hecho había dos cocinas, la principal en donde reinaba una flamante estufa de gas que había sido obsequiada a la abuela por  sus hijas mayores, Josefina mi madre y mis tías Celia y Concha.
Las muchachas habían ahorrado para comprarla durante meses. El día que llegó la estufa junto con su cilindro de gas butano y fue instalada en el lugar donde se encuentra hasta la fecha, doña María corrió a esconderse en los cuartos más alejados  llevando consigo a sus dos hijos pequeños: Elías que tendría como 5 años y Carmela de 3. 
--¡Vengan conmigo, no se queden ahí que aquellas locas van a quemar la casa!—les había dicho a los niños que azorados no sabían lo que estaba pasando.
La estufa nueva se quedó definitivamente pero la abuela se resistía a usarla así que dispuso que la vieja de hierro se colocara en una habitación adjunta, la cual fue bautizada como la cocinita, en donde en realidad se siguieron preparando los principales alimentos de la familia durante largo tiempo.
Tres años más tarde  nacimos mi prima Silvia y yo. Con una diferencia de dos meses ella vino primero al mundo, así que puede decirse que crecimos juntas.  Menos de dos años después se nos sumaron su hermana Esperanza y mi hermano Juan Daniel. Como los 4 nietos mayores de doña María y don Juan (que a la postre llegamos a ser más de una veintena) convivíamos frecuentemente con ellos en tiempos vacacionales y –al menos por lo que a mí respecta-  de ellos aprendimos una gran cantidad de costumbres de la vida en un pueblo rural del norte de México.
La abuela María no era una gran cocinera pero si una persona que conocía al dedillo todos los secretos de la elaboración de los alimentos de la dieta típica del campo chihuahuense de aquellos años  previos a las sabritas y marinelas.
Diario se levantaba antes del amanecer para guisar los frijoles y palotear las tortillas de harina que mi abuelos y sus hijos se llevarían a la “labor”; las tortillas de colocaban en un “guare” de palmilla y los frijoles en una pequeña cacerola de peltre. En otra cestita algunos quesos asaderos. Recuerdo como un sueño que  llevaban agua y café hervido en guajes de forma alargada los cuales eran sellados con olotes para que no se derramara el líquido. No podían faltar los chiles en el  itaquate, por lo que  la abuela agregaba jalapeños  “amor”, unos granitos de piquín  o chilacas preparados en diferentes tipos de salsas.
En el campo, los hombres hacían un alto en la faena justo cuando el sol se hallaba en lo alto para recobrar fuerzas y calentar las sencillas viandas con las que se alimentaban .
Los niños y niñas también participábamos de estas actividades, sobre todo en tiempos de siembra o de cosecha de frijol, tareas que nos parecían muy pesadas a los citadinos pero que igual emprendíamos con gran gusto de poder colaborar. Además, el abuelo lo hacía divertido para sus nietos. Todavía recuerdo sus carcajadas cuando el arado se no iba por otro rumbo y la ternura de su mirada cuando acudía a auxiliarnos.
De mi hermano Juan Daniel, el mayor de los nietos varones, se cuenta  la anécdota que muy chico, como de 8 años, el abuelo comenzó a llevarlo a la “labor”, pero como era gordito se cansaba pronto y lo mandaba a descansar a la litera (carro arrastrado por mulas), momento que el chamaco aprovechaba para comerse las provisiones,  dejándolos sin comer a los demás.

Por estos recuerdos puedo asegurar que no se estilaban los famosos “burritos”, los cuales aparecieron en el escenario culinario en  tiempos muy posteriores. Lo que aún me resulta curioso  es que ya desde entonces se le denominada “lonche” al refrigerio que se llevaba a la jornada de trabajo, anglicismo que evidencia la fuerte influencia cultural de la nación hermana del norte.